¡Hola, amigos!

Este post es especial porque quiero hablarles de Esther Jiménez, una verdadera guerrera de Dios, y a quien, de paso, quiero y respeto muchísimo.

Esther tenía una vida normal, como cualquier otra mujer.

Una madre luchadora, físicamente hermosa, amante de la belleza, pasional, alegre, soñadora, en fin… Con altas y bajas, pero con deseos siempre de superación.

Un día su vida dio un giro completo por causa del hecho más trágico y cruel que ella nunca imaginó que le acontecería; algo que marcó un antes y un después en su vida.

Un hombre arrojó sobre su rostro y cuerpo un mortal ácido conocido como “ácido del diablo”, dejando así el rostro de Esther (y un gran porcentaje de su cuerpo) completamente desfigurados.

Por esa causa, esta guerrera ha sido intervenida quirúrgicamente en 26 ocasiones, tratando de lograr un mejor aspecto reestructurando de su piel y reconstruyendo su boca, su nariz y vías respiratorias (las cuales aún están obstruidas y la mantienen con dificultades para respirar).

Fue terrible mirarse al espejo sin poder cerrar su boca, también lo fue perder todo su pelo, entre otras noticias que le afectaban más emocional que físicamente, como esta que a continuación les diré:

Su madre no resistió ver a su hija padecer por tanto dolor, y él mismo día que le amputarían uno de sus ojos a Esther (debido a que no tenía remedio), falleció por un infarto al corazón.

¡Cuánto dolor, cuántas tristezas, cuántas noches amargas!

Nos faltarían palabras para describir todo lo acontecido, pero sólo podemos decir que esta mujer está viva por un gran propósito; entre ellos, que recibamos la enseñanza de fe con su testimonio, pues Esther no cesa de mencionar a Dios, y le agradece intensamente por mantenerla con vida y fortalecida para poder levantar a sus cuatro hijos.

Es por esto que, además de ayudarla con las necesidades del hogar, quisimos brindarle nuestra amistad, y ¿qué mejor manera de hacerlo que el “Día del Amor y la Amistad”? Haciéndola sentir hermosa, importante, amiga, pero sobre todo, ¡Mujer

Esther es, y seguirá siendo, un gran ejemplo de superación para todos.

¡Miles de bendiciones!