Tú también viste a los gigantes, pero no tuviste temor como los que te acompañaban porque sabes que el Dios que te llamó, te respalda, y que es mayor tu propósito que en los que tu contra se levantan…

El pueblo de Israel salió de la esclavitud de Egipto para encontrar la tierra prometida, pero cuando doce espías fueron a verificar la tierra que habrían de poseer mientras iban por el desierto, regresaron diciendo: “¡No se puede! ¡Hay gigantes! ¡Son fuertes y las ciudades fortificadas! ¡Olvídenlo! ¡No podemos!”.

Sucedió que entre esos dos espías, estuvieron Josué y Caleb, quienes vieron todo totalmente diferente a los demás; entonces dijeron: “¡Es nuestra tierra! ¡Allí fluye la leche y la miel! ¡Es fácil para nosotros! ¡Podemos derribarlos! ¡Hay una enorme diferencia entre ellos y nosotros, y es que ellos están solos y con nosotros está Jehová De Los Ejércitos!”.

Pero nadie le atendió, todos fueron en contra y prefirieron quedarse en el desierto que arriesgarse a tomar lo que ya Dios les dijo que les pertenecía.

No les quedó de otra a estos dos conquistadores que quedarse sujetos a la decisión por causa de la mente de esclavos de todo el pueblo.

Esta decisión les costó 40 años.

Jehová dijo: “Por cuanto no creyeron, ninguno entrará a esta tierra, excepto Josué y Caleb, quienes sí estaban decididos a entrar por ella”.

Ellos rasgaron sus vestidos por causa de la impotencia y allí se quedaron.

Pero esta impotencia provocó una resistencia, y mientras poco a poco todos morían, Josué y Caleb permanecían con vida.

Con esto quiero decirte que, aunque otros aborten su propósito, el tuyo no muere.

A pesar de que estás en medio del montón, tú no eres uno más del montón. ¡Tú eres un conquistador!

Y 40 años más tarde, todos murieron y quedaron, de la antigua generación, sólo Josué y Caleb para dirigir la nueva generación hacia la tierra prometida.

Si estás en medio del desierto, quiero decirte que no es permanente… el sueño, la tierra, la bendición, el milagro, lo que te permanece mientras fuiste procesado, espera por tu llegada, así que prepárate para poseer lo que ya tiene tu nombre.

¡Llegó tu tiempo!

¡Dios les bendiga siempre!