La causa se debe a que te estás levantando…

Detrás de ese levantamiento, está tu victoria.

Cuando decides no hacer nada, todo está normal, pero cuando decides no dejar cruzados los brazos y hacer algo, ¡entonces todo embravece!

¡Es que tú acción afecta a las tinieblas!

El enemigo está tranquilo mientras tú estás en el suelo, ¡sí! Porque él sabe que si te levantas, operas a favor de tu propósito, que se hace contrario a su objetivo.

Es por esa razón que acontecen vientos contrarios, pruebas, problemas y situaciones por las que llegas a preguntarte: “¿qué está pasando? Quizás hubiese sido mejor no hacer nada”…

Hasta el momento en el que disciernes, y luego dices: “¡listo! Entiendo. Es que el infierno sabe que esta vez me levanto para no volver a caer, sabe que no me dejaré robar mi bendición y que lo que se aproxima es grande y permanente, por eso es que quiere buscar la forma de que yo me rinda por mi cuenta, porque él no me pudo hacer rendir”.

¡No hay retroceso! Tú sabes lo que es estar en el piso, ser pisoteado e ignorado… ¡Y allí no vuelves!

Así que, el único que va a terminar rindiéndose es el diablo cuando por causa de tu resistencia no le quedará de otra más que huir de ti y de lo que te corresponde.

Entonces, ahora te pregunto: ¿levantamientos? Si es afirmativa tu respuesta, ahora te exhorto lo siguiente: ¡Gózate y alégrate! Porque quiere decir que estás afectando a las tinieblas mientras tu victoria se está activando.

Al árbol que da frutos es al que le tiran piedras, y… ¡sí! Duelen las piedras, pero aunque te tumben par de ramas y par de frutos, recuerda que sigues siendo un árbol fértil y no dejarás de estar frondoso ni dejarás de fructificar.

¡Vamos! No dejes doblegar tu fe, sigue enfocado en Dios, quien te está extendiendo su mano para levantarte y jamás dejarte caer.

El único derrotado es el enemigo, porque tú en este nuevo tiempo, has VENCIDO. ¡Aleluya!

¡Dios les bendiga en grande!