¡Amigos!

Por más feliz que solía aparentar ser, mi realidad era triste…

Intenté quitarme la vida de distintas maneras. Y siempre alguien me interrumpía en el proceso.

Ahora entiendo que era Dios quien usaba a personas como instrumentos para librarme de la muerte.

Me tocó escuchar a muchos (que descubrían el problema que enfrentaba) decirme:

“¿Pero por qué te deprimes? Si eres tan bonita…

¿Por qué? Si no tienes problemas…

¿Por qué? Si todo el mundo te quiere…

¿Por qué? Si lo tienes todo…

¿Por qué? Si siempre luces feliz…”

Antes no tenía la respuesta; hoy .

Me sentía vacía porque faltaba algo de Dios en mí. Había algo más que mi físico…

Se trataba de mi corazón, que estaba hecho pedazos, y de mi alma, que gemía libertad porque se encontraba atada por mis pensamientos.

Un domingo asistí a la iglesia con un familiar. En esa ocasión, predicaba un pastor, quien minutos más tarde fue usado por Dios para declarar las siguientes palabras:

“Dios me dice que aquí hay alguien que sufre de depresión y atentó en contra de su vida, Dios te dice, ¡lucha! No te dejes vencer, tú puedes”.

Y luego añadió: “¿quieres saber si es a ti a quien Dios habla? Tú estás teniendo pesadillas”. Y… ¡Definitivamente era yo!

Grité lo más alto que pude, no me pude contener, y en ese mismo lugar, oraron por mí.

Sabía que solamente Dios podía saber esto que mantenía tan guardado, esa frustración oculta sólo Él podía revelarla; Él quería ayudarme, siempre intentó librarme pero yo no lo dejaba. Ni siquiera ese día que fue tan revelador para mí, fue suficiente, porque estaba hundida en mis tristezas, en mi mal.

Dos días después tomé la decisión más cobarde de mi vida: lanzarme de la azotea de un tercer piso de un edificio.

Lo sé, toqué fondo, hice sufrir a muchos con este acto de cobardía, también herí a Dios, pero de ese lugar nació otra mujer…

No me importaba si tenía que quedar inválida el resto de mi vida, para mí, era suficiente quedar con la libertad de poder hablar de un Dios que había hecho un milagro de vida en mí, ese Dios me dio la oportunidad de vivir, de ver la vida de una manera diferente.

Aquella joven llena de temores quedó en el pasado, y nació una mujer agradecida con Dios y feliz con su vida.