¡Hermana!

Di conmigo: “¡Mi casa está cubierta!”.

Y siempre recuerda que poderoso es todo lo que sucede, si viene del Señor…

¡Todo lo malo quedó en el pasado!

Cuando tú ibas y te consultabas con un brujo. Cuando tú ibas y te dabas baños con pétalos de rosas en casa. Cuando tú ibas y te leías la taza. Cuando tú ibas y buscabas el horóscopo en la parte de atrás de la revista Cosmopolitan… Todo eso, repito, quedó en el pasado…

Si hay alguien que tiene bien claro qué es lo que corresponde con respecto a tu futuro, es Jehová de los Ejércitos. Y a través de su Palabra, tú puedes escuchar: “Hija mía, ¡prepárate! Porque hay un futuro glorioso que te espera”.

¡Aleluya!

Nosotros no necesitamos que nos adivinen el porvenir.

Y quizás tú dirás (o pensarás): “Pero yo fui a casa de un brujo, y todo lo que me dijo en aquella oportunidad, era cierto”.

Pues, déjame decirte que la pegaron contigo, pero también te digo que cuando del cielo desciende una bendición para ti, todos los espíritus pueden verla. Por eso al enemigo le gusta distraerte y desenfocarte, porque él ya lo sabe. Y quiero que sepas que él se encargó de ponerles un nombre… Un nombre basado en tu proceso, pero no el nombre que por Dios te fue entregado.

Regularmente, cuando nosotras pasamos por X situación, nos autonombramos como el resultado de ese proceso, es decir, si a una mujer se le muere su marido, por ejemplo, se convierte en viuda. Si se le mueren sus padres, es una huérfana. Si se divorcia, es una divorciada. En fin…

Pero vuelvo y digan conmigo: “En mi caso, no es así… Porque aunque yo haya sido procesada, me cambiaron el nombre”.

Y entre ustedes, sé que hay mujeres que fueron maltratadas verbal, física y psicológicamente… Pero el hecho de que tú hayas pasado por todo eso, no quiere decir que esa sea tu identidad.

Y me gustaría que vieras la prédica completa, porque el mensaje que continúo dando para ti, es muy importante. ¡No olvides que Dios actúa en nosotras a través de la Palabra!

¡Bendiciones en grande para todas!